Sobre lo que va la vida.
Era más fácil dormir en ese entonces. Carla se encontraba a su lado y sentía sus roces en los talones. Las posiciones de sus pies eran únicas y siempre se complementaban en la cama después de feroces noches en que ambos disfrutaban sus encuentros.
Mateo creía que era lo que mantenía su juventud. Decía que "un buen polvo revivía muertos", aunque aun esperaba ese revoloteo en su interior para tomar decisiones más acertadas. Su trabajo se caracterizaba por no tener encanto. Encerrado en su cubículo recibía las llamadas de los reclamos de una compañía multinacional. Sus dones a veces parecían desperdiciados cuando decía un "Hola, buenas tardes, ¿en que le puedo ayudar?" pues siempre supo que la comunicación era lo suyo. Siempre se interesó en el periodismo, pero desde la ida de su madre no confió en el poder de la palabra de un hombre. Ya no creía ni en su propio sueño. Parecía que ya no tenía y sólo lo mantenía en espíritu esa cama con un cuerpo adyacente.
Es hora de levantarse. El reloj marcaba las 6:30 am. y sabía que se enfrentaba nuevamente a esa situación que no prolongaba su existencia, sino que solamente la agotaba y acortaba. Tomaba su bicicleta y se dirigía desde la casa de su madre en Concha y Toro con la Alameda hasta la avenida providencia con General Bustamante...