Cargué mi tarjeta Nacional Estudiantil y me dirigí junto con mi hermano hacia dirección tobalaba, nos encontramos con fito y conversamos mucho rato hasta llegar a plaza de armas, donde solo me baje, y por el lado equivocado. Salude a gente que ya estaba en las afueras de la catedral. La familia de Nicolás León me aguardaba y luego la Familia de Nadia Rojas y otros niños. Salude a la familia de Victoria y vi los recuerdos que ella había hecho con sus manitas y obviamente abracé a Rafael Medina con el cariño de siempre. Entre tanto llegaban los demás animadores me paseé por el templo y una vez logrado verlos ayude un poco con algunos problemas. Despeje las abncas y con la ayuda de Gabriela y de Scarlett puse los cancioneros en ellas. No había fotógrafo y contraté a don Luis Marín Riquelme, y le puse una arcaica insignia que decía que era el fotógrafo oficial. En la ceremonia reí, me deba gusto ver a Gerardo conmigo. Hablé con la Kakoh que me agotaba un poco, era como yo en muchos aspectos, pero en otros del pasado. La madrina de Felipe Vergara me sonreía. Su abuela era encantadora y la verdad veía desde mi perspectiva a niñox que tal vez poco vería después pero que me habían marcado a pesar de no ser de mi comunidad (menos la Cutty claro). Después de casi llorar, entregué a Gerardo Ignacio al Vicario pata que recibiera a ese Espíritu clareador y puro. Luego de eso esperamos y oímos el discurso que me emociono para terminar con una fotografía con todos los que podíamos estar de la parroquia y los infaltables gritos oficiales de los colegios. Luego de eso nos dirigimos hacia las afueras del templo. Reía en ese trayecto, recordaba y veía como todo así tan rápido se había terminado, al menos el proceso de formación y ahora nacía ante mi esos pequeños.
Recibí recuerditos y santitos de muchos, abrazos y cariños, y al rededor de las 7 de la tarde nos fuimos junto con Scarlett, Gerardo, Mauricio y Gonzalo a casa de mi ahijado. Mi amiga debió irse antes, pero después de demorarnos algunas horas llegamos a casa de mi chiquillo.
Ahí salude y conocí a casi toda su familia, y conversé un buen rato comiendo canapés y tomando algunos bebestibles. Hablé de la labor del animador, de todos los animadores y del apoyo que daré el próximo año. En eso se hizo tarde y ya eran las 10:20 cuando me fuí. Tome la Transantiago que se demoró 40 minutos en llegar a las Rejas, llamé a mi madre para decirle el último intento que me quedaba de irme en metro. Alcancé el metro hasta San Pablo y ahí vi con sorpresa que no podría ir hasta Vicente Valdés. Llamé a mi mamá nuevamente y le dije que tomaría algo hasta la Alameda para luego tomar la 210. Subí y tome la 407 hasta estación central. Ahí converse con un mendigo que me dio cierta seguridad, para luego tomar la 210. En ese trascurso de la micro, después que una pasajera me quitara mi avance en el torniquete y debiese pagar dos veces innecesariamente, pasé por debajo pues había pagado. Me puse al lado de una pareja amante de los perros con su pequeña perrita asustada, bajándose en Alameda con Ahumada. Luego de eso cerca de diagonal Paraguay y de llenarse la micro sube un vendedor que dejó en claro que estaba "arriba de la pelota" y que deseaba más dinero para tomar otro poco más (así los charchazos le dolerían menos). Ofrecía maní dos por cien pesos y en eso me Baje en el paradero de Ñuble. Conversé con algunas personas que estaban ahí y conocí a una familia Puentealtina. Llamé otra vez a mi mamá y cuando llegó a buscarme le pregunte si podíamos llevar a esas pesonas que no habían podido tomar locomoción. Los dejamos hasta Avenida Los Toros.
Conversamos un rato y mi mamá no me retó, sólo me amonestó y me castigó para salidas de este tipo, y en eso fuimos hasta Volcán Quizapu para buscar a mi hermano. Ahí me encontré con sus amigos y una vieja conocida, La Claudia, que pensaba que yo era un sueño por el terno y por parecerme como un personaje de "El Origen". En eso nos fuimos a la casa. Abrí el portón, saludé a mi Petra y entré a mi hogar al fin. Ya eran las 12:30 y después de un altercado con las llaves del auto y el celular de mi mamá nos fuimos a acostar.
Mis días son bastante extraños o más bien singulares cuando se lo proponen. Sólo se de una cosa. En todo momento de este día, todo resultó como debía por causa de Dios. Sí, aunque usted no lo crea... Pues si no fuese por su forma de actuar y de protegernos a mi, mi familia y a todos las personas que me encontré en el recorrido del día jamás hubiese llegado tan a salvo a casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario